CINE
Pedro González-Rubio muestra los valores reales de la vida.
Fusiona el documental con la ficción
Por: Fabián de la Cruz Polanco / Fotografías: Cortesía FICM (IMAGEN LATENTE/Paulo Vidales, Francisco Suárez).

La principal intención de Pedro González-Rubio, realizador de Alamar, su primer largometraje de ficción, fue la de mostrar su amor por la región donde se filmó este proyecto, -el Banco Chinchorro, en el Caribe mexicano-, la cual fue declarada en 1996 Reserva Natural de la Biosfera por la UNESCO.

También, tuvo la idea de externar su admiración y respeto hacia la vida de los pescadores que radican en esa zona, ofreciendo al público una enorme carga de bellas y sorprendentes imágenes, contando con la "actuación", además de los habitantes de la región, de animales salvajes de la zona, como un ave bautizada por el protagonista. Natan Machado Palombini, como Blanquita, además de un cocodrilo, cuya presencia es digna de cualquier filme de aventuras.

"En esta película yo no quería hacer un acercamiento distante o intelectual, sino lograr una experiencia visual que pudiera provocar emociones de empatía con los personajes", dijo el director sobre este trabajo, ganador de los premios al Mejor Largometraje Mexicano de Ficción, y del Premio del Público para Largometraje Mexicano en Competencia, en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia.

"Al mismo tiempo de la investigación, estaba trabajando en una historia basada la pureza de una relación ancestral, la un padre -Jorge, un joven de raíces Mayas-, y su hijo de madre italiana, Nathan. Para lograr esto, era necesario catapultar a los personajes a un sitio minimalista. De una naturaleza intacta e incorruptible".

En Alamar el joven director, nacido en Bélgica, Bruselas en 1976, quiso explorar la sencillez de la felicidad mostrando las actividades del día a día en Chinchorro. Por ende, la interacción con Matraca, el viejo pescador que aparece en la cinta, resultó una experiencia perfecta para que el pequeño Natan aprendiera sobre la interacción básica entre el hombre y la naturaleza.




La cinta aborda lo que sucede cuando, antes de su inevitable separación, un padre y su hijo se embarcan en un viaje hacia mar abierto. Con la ayuda de un viejo pescador de la zona, las actividades del día a día muestran la armonía entre el hombre y la naturaleza.

Su relación crece a medida que se conectan con la vida."Natan es un niño que se mueve entre dos mundos: el de una vida austera, mientras está con su padre; y en la sociedad urbana, junto con su madre Roberta Palombini.

"No es que una realidad sea mejor que la otra. Simplemente son diferentes, y el niño es capaz de ser él mismo en ambas. Libre de cualquier prejuicio", recordó Pedro González-Rubio quien, en su filmografía, cuenta con la realización de otros documentales, entre ellos Toro negro, realizado en 2005, ganando varios premios internacionales.

"La decisión del padre es volver a sus orígenes con el fin de enseñar a su hijo los valores reales de la vida", agregó el realizador, quien descubrió su vocación por la fotografía antropológica a los 15 años, viviendo en la India.

Cabe mencionar que el cineasta considera  Alamar, como un "híbrido betabel", aceptando que es una fusión del género documental con la ficción.
Pedro González-Rubio estudió la carrera de Cine en la London Film School. Fue director de fotografía del documental Flores en el desierto (2009).

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