Con tres largometrajes: "Mil nubes de paz surcan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor", "El cielo dividido" y "Rabioso sol, rabioso cielo"; y una decena de cortos en su filmografía, prepara el corto documental "Mariscal Crisol", con motivo del Centenario de la Revolución Mexicana que forma parte de un proyecto de cinco que estrenará en Morelia este año.
Entre agosto y octubre, temporada que por "una cuestión técnica y anímica" le gusta filmar, comenzará su cuarta producción: "Rencor tatuado", escrita por Malú Huacuja, donde dará un salto triple al dirigir un tema sobre mujeres, y en tono de comedia.
Sin haber ganado un Ariel como director, algo que en broma dice que le interesaría "porque me gusta el muñeco", con dos premios Teddy Bear traídos del Festival de Cine de Berlín, este defeño realizador nacido en 1972, que quería ser cantante de ópera, y que al ver "Sin aliento" de Godard se quedó ídem, marcándose así su futuro, desde que estudiaba en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, filmaban ya en blanco y negro, con otro planteamiento gramatical y otras temáticas, "que a 20 años de distancia siguen siendo escandalosas, como es la diversidad sexual, y la sexualidad en los jóvenes", lo que hizo que Jorge Ayala Blanco, lo apodara, junto con Roberto Fiesco, "los cuequeros disidentes".
-¿De donde viene tu enamoramiento por el blanco y negro?
-Al ser mis películas de cuestiones amorosas realizables, lo que había aprendido era eso, que Pedro Armendáriz y María feliz podían realizar su amor y era más aceptable para el espectador porque eran en blanco y negro porque se convierte en una suerte de mito lo que vemos en la pantalla, a diferencia del color que ya percibimos como la realidad y acaban de tener una desilusión.