PERSONAJES
Más allá de la mirada homoerótica
Una de las prioridades en el cine de Julián Hernández, convertido en director de culto, es contar siempre una historia de amor, en medio de una marginalidad y de relatos que rebasan las fronteras de lo convencional
Por Raquel Peguero / Fotos: Jesús Torres Torres / Cortesía Mil Nubes-Cine

Una serie de preguntas equivocadas, hicieron que Julián Hernández encontrara el camino adecuado. Pero no ha sido una serie de equívocos lo que lo ha convertido en un director de culto, sino su paso decidido por hacer un cine sin concesiones.

Con tres largometrajes: "Mil nubes de paz surcan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor",  "El cielo dividido" y "Rabioso sol, rabioso cielo"; y una decena de cortos en su filmografía, prepara el corto documental "Mariscal Crisol", con motivo del Centenario de la Revolución Mexicana que forma parte de un proyecto de cinco que estrenará en Morelia este año.

Entre agosto y octubre, temporada que por "una cuestión técnica y anímica" le gusta filmar, comenzará su cuarta producción: "Rencor tatuado", escrita por Malú Huacuja, donde dará un salto triple al dirigir un tema sobre mujeres, y en tono de comedia.

Sin haber ganado un Ariel como director, algo que en broma dice que le interesaría "porque me gusta el muñeco", con dos premios Teddy Bear traídos del Festival de Cine de Berlín, este defeño realizador nacido en 1972, que quería ser cantante de ópera, y que al ver  "Sin aliento" de Godard se quedó ídem, marcándose así su futuro, desde que estudiaba en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, filmaban ya en blanco y negro, con otro planteamiento gramatical y otras temáticas, "que a 20 años de distancia siguen siendo escandalosas, como es la diversidad sexual, y la sexualidad en los jóvenes", lo que hizo que Jorge Ayala Blanco, lo apodara, junto con Roberto Fiesco, "los cuequeros disidentes".

-¿De donde viene tu enamoramiento por el blanco y negro?
-Al ser mis películas de cuestiones  amorosas realizables, lo que había aprendido era eso, que Pedro Armendáriz y María feliz podían realizar su amor y era más aceptable para el espectador porque eran en blanco y negro porque se convierte en una suerte de mito lo que vemos en la pantalla, a diferencia del color que ya percibimos como la realidad y acaban de tener una desilusión.

Mi gusto empieza con el "Indio" Fernández y el cine mexicano y al conocer a Pasolini, con su manera particular y religiosa de hacer cine y luego las películas italianas que me  gustan mucho y son melodramas que los hacen cercanos a nosotros. El homoerotismo se lo aprendí en principio al "Indio" Fernández, quien pese a que todos dice que es el más macho de los directores nacionales, al serlo, está más cerca al amor hacia otros hombres, y se ve en Armando Silvestre y Crox Alvarado en "La red"; en Roberto Cañedo y Julio González en "Pueblerina"; en "El mar y tú", hay una secuencia de pescadores donde aparece el cuerpo masculino mejor retratado en el cine mexicano

-Por eso, al igual que Pasolini, no haces pornografía.
-Tengo una obsesión con el cuerpo masculino, por conocidas razones, pero ocurre lo mismo con el femenino cuando aparecen en mis películas. De Pasolini aprendí a mostrar el cuerpo y a no tener ese punto de vista como pornográfico que según yo, consiste en ir dando pedacitos al espectador, en el sentido de manipular al otro para conseguir la ansiedad de descubrir lo más posible. El cuerpo de los actores es el vehículo por el cual se comunican, no sólo es una presencia hermosa sino que es a través de él como encuentran el verdadero nexo de comunicación, por eso no hay diálogos.

-¿Cómo trabajas con los actores?
- Procuro escribir el guión teniendo un actor en mente, no haciéndolo a su medida, sino tomando sus características, y lo dejo lo más claro posible para que al leerlo, sepan de donde a donde va el personaje, y en rodaje yo sólo tenga que dar las indicaciones técnicas necesarias. Con el fotógrafo construyo la atmósfera, y ya muy cercano a filmar llamo a los actores para que la  vean y sientan. Después por mi formación de cantante, todo está concentrado en la respiración. Mi manera es decirle
a los actores meticulosamente, aspectos de acciones físicas, Al principio ellos se sienten como marionetas, pero lo que busco es que, al hacerlas, encuentren en sí mismos una respiración que les permita construir el personaje.

-¿Al fotógrafo también le pides la respiración?
-Escribo los guiones como una pequeña introducción en la que describo el espacio y luego la atmósfera, un poco literariamente, de lo que requiero para las secuencias. Con Alejandro Cantú, le digo "la cámara se va mover acá, habrá este plano y este otro", él va imaginando y lo construye. Jamás hemos hecho una secuencia donde hay que poner una luz para cuidar al actor, ellos se mueven dentro de una atmósfera que ya construimos: hay mucho de él.
En "El cielo dividido" el cuarto oscuro donde se encuentra el protagonista con otro y al final queda un cuartito con dos iluminaciones, es puro hallazgo suyo: el plano refleja la personalidad de uno y otro, y es representativo de todo lo que ocurre entre ellos.

-¿Cómo consigues que tus locaciones reflejen la pobreza de manera estética?
-Uno tiene que conocer de lo que habla, sobre todo en "Mil nubes..", mi fotógrafo era Diego y provenimos de estratos sociales similares. Son locaciones de nuestra infancia, que no veíamos agrestes, ni por la ventana del auto. Son lugares donde la pasamos mal, sin duda, pero también fuimos felices y las reflejamos en consecuencia porque no nos causan pavor. Aunque debo confesar que durante años, y está en un guión que no he filmado, soñaba que regresaba a donde vivía cuando era chiquito,  y muy angustiado decía "no quiero volver a vivir ahí". Nunca hemos visto la locación como algo agresivo o folklórico, todas las conozco porque las he recorrido y he vivido ahí.   

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::::: SOM No. 5 | MAYO-JUNIO 2010 | LA SILLA - DIRECTORES
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