COLUMNAS
Un negocio sangriento,
Cuando el 'showbusiness'  se pone colmilludo
Por El Siniestro AGOR

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo aparecieron estos lúgubres seres de la noche, con su piel blanca, color cadavérico, poderes sobrenaturales, viejos de existencia milenaria, incapaces de vivir y también de morir, con sus blancos y afilados colmillos que sobresalen de sus encías para saciar su sed de sangre y asestarle a usted y a mí, espectadores y fanáticos de la ficción alguno que otro susto, risa o sentimiento de empatía.

Reales o no, los vampiros son seres espeluznantes que han existido y trascendido en las leyendas y mitos de algunas comunidades nórdicas y europeas desde que el ser humano racional tiene conciencia, para reflejar la maldad y de alguna u otra forma materializar los miedos de muchos ante lo sobrenatural, pero desde que se le ocurrió hace ya un par de siglos atrás,  al excéntrico escritor romántico Bram Stoker, idear una forma de hacer un excelente negocio de estos imaginarios seres, la fiebre de los 'chupasangre' no ha parado, sin importar la forma o la veracidad de las historias narradas por algunos novelistas, guionistas de cine o televisión y los mismos directores de renombre (y otros no tanto), las historias de vampiros siempre, (y como nos lo dicta la experiencia empírica en el medio) siempre van a resultar en un jugoso y a veces excelentemente bien remunerado negocio.

Drácula fue el nombre del primer vampiro 'superstar' que hayamos conocido y amado, sin importar que se tratara de un viejillo calenturiento, con peinado de la princesa Leia (Star Wars) lograba erizarnos la piel y hacernos correr al cine para ver cómo se merendaba a alguna que otra bella y semidesnuda doncella, hasta dejarla (literalmente) seca.

Ya lo sé, seguramente usted gran fanático de los vampiros me dirá: Y Nosferatu? Pues este hombrecillo, criatura larguirucha, con cara de lujuria es una versión más del ya mencionado Drácula de Stoker que, definitivamente, asusto a varios, pero no tuvo tanta trascendencia como el colmilludo de Transilvania.

Y tal es el caso de éxito, que con una periodicidad variable de cada 4 o 5 años llegan a nuestros ojos nuevas historias o refritos domingueros de estos anémicos personajes,  ya sean interpretados por Bella Lugosi, Christopher Lee, Gary Oldman o Germán Robles en sus versiones más dramáticas y por Leslie Nielsen o el inigualable Mauricio Garcés de forma un tanto cómica, es más hasta el Santo peleó contra ellos. Y que decir de las bien pensadas y un tanto sosas historias de vampiros adolescentes como 'Crepúsculo' y toda su saga completa que han generado un furor a nivel mundial, llenando, hasta reventar, los bolsillos de sus creadores.

Aunque no podemos hacer a un lado las producciones televisivas que últimamente le han dado un giro a éste género, recordemos a la puberta caza vampiros mejor conocida como Buffy, interpretada por la bella Sarah Michelle Gellar o en emisiones más recientes las series producidas por la CBS y Sony Entertainment Television tituladas: Blood Ties y Vampire Diaries  que sin duda alguna no quisieron innovar mucho en el tema, otro caso similar pero con menos suerte lo pudimos (terriblemente) notar en la micro serie-novela de la televisora del Ajusco llamada Noche Eterna, remake o franquicia de Sangre Eterna una producción original de Argentina. Pero definitivamente la serie de vampiros que se lleva las palmas es True Blood, que próximamente comenzará a transmitir su tercera temporada por HBO, protagonizada por la ganadora del Oscar, Ana Pakin, la cual interpreta a una inocente jovencita sureña que tiene un encuentro muy cercano con un centenario vampiro llamado Bill, la historia es original, altamente cargada de mitos vampirescos, una guerra entre humanos y vampiros que intentan integrarse a la sociedad como cualquier ciudadano común y corriente, mucha acción, sexo e intrigas, no aptas para niños ni cardiacos y si usted peca de conservador le recomiendo mantenerse alejado y continuar deleitándose del genial Ernest Vampire que se transmitía por Once TV.

Porque no importa la forma o el color de estos seres, si son buenos o son malos, definitivamente no pasan de moda, aunque cada vez sean más viejos, resulta una minita de oro para quienes se atreven a idear una historia más de vampiros, franquicia por la que no hay que pagar ni un centavo, solo retomar algunos detalles y desangrar la historia hacia donde la imaginación nos lleve, aunque usted debe tomar en cuenta que en este negocio lo que cuenta es el cómo y el cuánto, para lograr vender una sangrienta historia de éstas, que al fin y al cabo, siempre habrá espectadores sedientos de ellas.

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