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Dolores Heredia, en la búsqueda continua de
personajes con fondo, con algo qué decir
"El cine me sabe a casa, a personas queridas": Dolores Heredia.
Por Fernando Rivero Méndez / Fotos: Aldo G. Ortiz-Reyes [AGOR PHOTO]

Su intención era ser actriz de teatro, nunca vio al cine como objetivo y la televisión nunca estuvo en sus planes. En su natal Baja California Sur se dio cuenta que lo suyo era estar en los escenarios y un día viajó al Distrito Federal con la intención de estudiar teatro para después regresar a su tierra y trabajar allá.

Hoy, a casi 25 años de trayectoria artística, Dolores Heredia ha incursionado en todos los medios de expresión que le presentan personajes interesantes, con algo qué decir. STAGE one MÉXICO platicó con la actriz, quien sin tapujos habló de su concepto de éxito, de su postura ante la situación actual del país, de su reticencia a hacer televisión y de esa intuición que le caracteriza para elegir los más diversos personajes.

¿Hace cuánto empezaste a actuar?
"En 1985 y en ese momento tenía muy claro que mi meta era el teatro. Sabía que lo podía hacer bien porque me gustaba y porque siempre busco arriesgarme en cosas que representen retos. El cine me gustó, desde niña. Me gustaba ir al cine y compartir con los amigos un rato agradable. También lo veía como el pretexto ideal para  ir con el novio. Los primeros terrores los viví a través del cine y eso era mi referente más inmediato":

¿Cómo era la vida en Baja California Sur hace 25 años?
"La paz se mantiene al margen de muchas cosas. En esos años no había nada, no había muchos libros, sólo había una universidad y el descubrirme como actriz, en ese entorno, era estar afuera de toda realidad, incluso  para mi familia, aunque me apoyaba".

Y decides venir al Distrito Federal…
"Así es, yo quería estudiar y regresarme a hacer una compañía o a seguir actuando. No había en mí una conciencia de la centralización que hay en México.
Estudie en el CUT, después estuve en varios grupos teatrales, como El fauno, y después me invitan a participar en la Compañía Nacional de Teatro. Ahí me invitan a hacer un cortometraje que Arcelia (Ramírez) no pudo hacer y, como somos del mismo tipo, le dijeron al director que me hablara y así hice La otra orilla, en 1989, que dirigió Antonio Diego".

¿En ese momento supiste que lo tuyo era el cine?
"Sí, y también sentí por primera vez esa presión de tener la cámara en frente. Recuerdo que soñaba que la cámara estaba al pie de mi cama; así conocí esa atmósfera que se crea entre el actor y la lente, pero uno va aprendiendo a hacerse amigo de la cámara. Ahora ya tengo esa relajación que yo buscaba. Hoy el cine me sabe a casa, a personas queridas. Para mí siempre ha sido un objetivo primario proyectar esa frescura que cada personaje requiere y no recurrir a lo que hacen muchos actores: tomar veinte tazas de café para entrar a escena".

¿Cuál fue tu primer largometraje?
"Pueblo de madera. Lo obtuve porque Juan Antonio de la Riva vio La otra orilla y preguntó que quién era esa chamaquita y dijo que me quería para su película. Así llegué al cine".

Y lo haces en una de las épocas más críticas de la industria…
"Se fueron dando las cosas. Recuerdo que entré a un café y, como no había mesas, me senté con una persona a la que le conté que era actriz y que me acababan de correr del CUT porque no tenía las características para seguir en esa escuela.     PÁGINA 2  | PÁGINA 3
::::: SOM No. 2 |SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2009 | EN PORTADA
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