PERSONAJES
Recibirá el Ariel de Oro por sus 50 años de carrera en el cine
"Añoro ese arrebato, esta suerte de impulso, que es necesario en los cineastas": Felipe Cazals
Por Raquel Peguero
Cuando Felipe Cazals define que un "cineasta es sobre todo un atleta", sabe a qué se refiere. El próximo 28 de julio cumplirá 73 años, 50 de los cuales ha dedicado al cine, y aunque sabe que "los años pasan y hay un límite, un plafón a la resistencia física", ni un by-pass a corazón abierto que lo mantuvo un mes en el hospital, le impidieron volver a los sets a filmar un treintañero sueño: "Chicogrande", basado en un cuento de Ricardo Garibay, que se estrenará en mayo en México, pero antes espera ir al festival de Cannes donde lo inscribió.
Su entusiasmo lo delatan sus pizpiretos ojos y la fuerza de su voz, no así la serenidad que ahora asoma su rostro. Sonríe al hablar del Ariel de Oro que recibirá el próximo 28 de marzo, con el que la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le reconoce su medio siglo tras las cámaras porque "no es igual que otro premio, los otros tienen que ver con películas específicas; éste es otra cosa: la totalidad de todo lo malo y lo poco bueno. Tiene un sentido totalmente distinto".
"Abuelo" ya, dentro de la gran familia que es el cine nacional, confiesa él mismo, el Ariel le es sorpresivo, "me hace recordar muchas cosas, añorar otras y me permite darme cuenta de que pude haber hecho cosas mucho mejores y sobre todo, que pude no haber filmado otras. Mi sentido critico es tan exacerbado que siempre encuentro qué debía haber sido mejor filmado. Claro, en el gran conjunto esto ya es intocable, y es muy difícil racionalizarlo, pero creo que podían haber sido mejores películas las que son aceptables, las que son malas, esas sí ni Dios las perdona: ni hablemos de ellas".
- ¿Qué recuerdas y qué añoras?
- Que no tuve ni un solo enemigo abiertamente en mi trabajo profesional. Seguramente tuve rencillas, rencores, lo que es indispensable en este negocio que es una cosa pública, pero de frente, nunca…, salvo Margarita López Portillo que Dios tenga en su mejor potrero. "Chicogrande" es un ejemplo. Hace 32 años me impidió filmarla, dos semanas antes del rodaje. Me hizo un favor, hoy a la distancia. En cambio todos los colaboradores que tuve, algunos de ellos que ya se fueron, y me hacen mucha falta, siempre pusieron no lo mejor de su conocimiento o su experiencia profesional, sino esa parte del cine mexicano que es puro corazón, entusiasmo, solidaridad y es muy valioso: Eso esta en el Ariel de oro.
Añoro tener 35 años, la greña larga, y pensar que todo lo podía filmar, siempre y cuando estuviese absolutamente seguro de tener un punto de vista crítico al respecto, lo cual es un ejemplo de soberbia total. Añoro ese arrebato, esta suerte de impulso, que también, al mismo tiempo, es necesario en los cineastas.
Hoy soy mucho más reflexivo, mido más las cosas, me siento más responsable, suena horrendo pero así es. Hay locuras en las películas anteriores que ya no repetiría, como cuando filmamos Canoa y no nos dimos cuenta de que estábamos bajo la horca del cura del pueblo a quien ya habíamos engañado al obtener la información que fue el sustento del guión, nos estaba esperando y nos infiltró en la filmación. Eso pudo haber tenido consecuencias gravísimas. Añoro esos arrebatos, la capacidad de enamoramiento que tenia por las ideas, por las actrices, por los proyectos. Si no eres básicamente un enamorado en potencia no hay posibilidades de que seas un cineasta.
- Sin una actriz fetiche, en ese sentido ¿quién fue tu más grande amor?
-Trabajé con magnificas actrices de las cuales, hoy somos muy buenos amigos. Nos entendimos sobre un registro muy especial que es esta suerte de abecedario perfectamente incomprensible entre los demás y que sólo existe entre el director y la intérprete. Por eso repetí tantas veces las mismas actrices, Patricia Reyes Spíndola, María Rojo, Ana Ofelia Murguía, Blanca Guerra, muchas que andan todavía por ahí filmando, afortunadamente, y actores espléndidos, que comenzaron al mismo tiempo que yo: Manuel Ojeda, Salvador Sánchez, José Carlos Ruiz: El Apando, que más puedo decir. Hoy hay un relevo generacional de todos ellos, que es lo que es admirable. Al cine mexicano no hay manera de hacerle daño por más que quieran, y como no se puede hacer sin actores ni actrices, seria maravilloso pero no se puede, añoro esos repartos enormes como Las poquianchis: 27 damas durante nueve semanas, ¡Dios mío eso sí que es una batalla!
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::::: SOM No. 4 | MARZO-ABRIL 2010 | SEMBLANZA DE DIRECTORES
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