Su presencia en el cine mexicano ha sido fundamental en los últimas
cuatro décadas, lo mismo como el villano, el galán, el hombre de
lucha, o apoyando a la producción y a los viejos y nuevos cineastas,
él es Pedro Armendáriz, quien dejó su profesión como arquitecto, para
entregarse de lleno a la actuación.
Aunque reconoce que nunca pensó en dedicarse al oficio de actor, y
que su papá, Pedro Armendáriz, una de las figuras máximas de la época
de oro del cine mexicano, jamás lo orilló a hacerlo "por el contrario
siempre tuve una infancia normal, montaba a caballo o andaba en
bicicleta".
El actor de cintas como "La ley de Herodes", "La pasión según
Berenice" o "Dos crímenes" recuerda que cuando niño sólo hizo algunas
apariciones en el cine con su padre, montando a caballo, pero en
realidad el estudió Arquitectura y trabajaba con Pedro Ramírez Vázquez
en el proyecto del Museo de Antropología.
"Fue a la muerte de mi padre, cuando Arturo Ripstein me llamó para
hacer un corto y después los hermanos de Anda, entonces me vi en la
pantalla, y me dije 'que malo soy actuando, así que hay que
prepararse'", recuerda Pedro Armendáriz.
Así el destino lo llevó a entrenarse histriónicamente con Juan José
Gurrrola y Sequizano, y un proyecto de cine lo llevó a otro y ahora
su filmografía está integrada por cerca de 210 películas, pero también
se ha desempeñado con solvencia en el teatro y la televisión.
También Pedro Armendáriz ha trabajado en Hollywood en cintas como
"Gringo viejo", "La mexicana", "La máscara del Zorro", alternando lo
mismo con Brad Pitt, Catherine Zeta Jones, Antonio Banderas o Gregory
Peck.
Armendáriz está convencido de que el cine es un trabajo en equipo, por
ello siempre le ha interesado colaborar con los directores
directamente para levantar los proyectos, con los que ha creado una
gran complicidad como Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo, Luis
Estrada…